03 diciembre 2008

Hoces del río Piedra. Mirador del Reconquillo



Hacía cuatro años que no volvia a Torralba de los Frailes y el día 09 de noviembre de 2008 regresé para disfrutar del otoño en las hoces del río Piedra. Recordaba con nitidez los fuertes colores rojos del arce al perder la hoja y la variedad del soto de ribera, sobre todo, aguas arriba de la zona del Molino.

El día elegido resultó magnífico y el río guardaba una gran sorpresa: llevaba un caudal nunca visto, el azud del Molino resultaba impracticable para cruzar el río y el agua corria con velocidad.



Después de cruzar el río, con muchos problemas, frente al parking del Molino descubrí que habían señalizado un recorrido al "Mirador del Reconquillo" del que no tenía ninguna noticia. Como discurría por las hoces aguas arriba (que eran las que yo quería recorrer) me decidí a completar el recorrido.



El panel informativo proponía realizar el recorrido circular siguiendo primero el cauce del río por el fondo de las hoces y regresar después por los relieves superiores de la margen izquierda. Como no se podía cruzar a la margen derecha del río por encima del azud realicé el recorrido en sentido inverso.

La senda remonta por encima de las ruinas del Molino dejando a la derecha unas singulares formaciones rocosas en forma de "tornillo" muy características y pronto se introduce en una suave vaguada por la que remontamos hasta el mirador. El camino no tiene pérdida: las trazas son evidentes y está balizado con pintura blanca y roja de GR. Además hay tablillas indicadoras (GR 24 "Mirador Hoces de Torralba") en las bifurcaciones. Poco antes de la segunda tablilla hay que continuar a la izquierda en una bifurcación de sendas poco clara y, siguiendo hitos de piedra, ascender hasta el mirador (25´).



La vistas desde el mirador merecen la pena. Podemos apreciar el definido corte de las hoces cubiertas de un denso soto de ribera, por encima de ellas, la desnuda paramera de los llanos de Used y, recortadas sobre una loma, las blancas casas del pueblo de Torralba de los Frailes.

Desde el mirador el camino continua por encima de los relieves que definen las hoces aguas arrba del río Piedra. Ahora la senda es menos evidente y el trazado, a veces poco claro, está marcado con hitos de piedra y, de vez en cuando, con pintura roja y blanca. La senda va descendiendo poco a poco, a media ladera, por una loma pedregosa entre un escuálido pinar hasta alcanzar una estrecha vaguada transversal que, hacia la izquierda, permite descender al fondo de las hoces (55´).



Hay que tener mucho cuidado al llegar a la parte baja de esta vaguada porque la senda está cerrada, a la altura del tobillo, por un alambre de espino cruzado entre dos troncos de árbol dificil de ver que puede hacernos mucho daño.

Una vez en el fondo de las hoces el vado para cruzar a la margen derecha e iniciar el retorno no está preparado por lo que su dificultad depenerá de las condiciones del cauce. Aquí hay unas tablillas indicadoras por lo que la localización de la vaguada de salida es muy fácil en el caso de que se haga el recorrido en el otro sentido.

Si el recorrido aéreo por la parte alta de los relieves de la margen izquierda del río es recomendable, no lo es menos el recorrido por el fondo de las hoces. La senda discurre en todo momento por la margen derecha del río ( sin vadearlo ) sobre un mullido piso y sumergida en un umbrío soto de frondosas que, como dice el panel explicativo del recorrido, configuran un paisaje forestal de hoja caduca que nos hará sentirnos en otra latitud. Lástima que los arces hubieran perdido ya la hoja pero los robles presentaban su mejor color.

Al final del recorrido, cerca del azud del Molino, busqué una salida alternativa ya que no se podía vadear el río por encima del azud. No resulta dificil encontrar una salida practicable (trazas de camino) por la ladera de la margen derecha del río y, después, siguiendo las trazas de las ovejas seguir el cauce del río a media ladera y, por encima del pozo de las escaleras, llegar al parking del Molino (1h 25´).


05 noviembre 2008

Río Manubles

Tenía referencias de que Torrijo de la Cañada (en el cauce medio del río Manubles) era un buen punto de partida para hacer senderismo. El río Manubles, a diferencia del Ribota, afluentes ambos del Jalón por su margen izquierda, se encaja más en el terreno tallando un definido barranco que se estrangula ocasionalmente dando lugar a rincones desconocidos de gran belleza.

Tras estudiar las posibilidades tomé como punto de partida la ermita de los Santos de Torrijo ubicada en una altiva cota de la sierra de la margen derecha del río (sobre el mapa no había ningun indicio de camino que permitiera seguir el río junto al cauce). La subida no está señalizada pero no resulta dificil seguir la red de pistas con un mapa IGN.

Para bajar a Bijuesca desde la ermita tomaremos la pista hacia el oeste y descenderemos hasta alcanzar una clara bifurcación (0,7km). Aquí seguiremos por la pista que a la derecha (noroeste) desciende primero y después, más difusa, llanea hasta alcanzar la linde de un campo y un pequeño collado. Poco después, junto a las ruinas de una paridera (Corral de las Peñas), conecta con otra pista mas transitada por la que continuaremos a la derecha (este) hasta llegar a otro collado donde la pista cambia de vertiente.

Aquí se presenta una doble alternativa: continuar el descenso por la pista que bordea la cota Dehesa Boyal o bién tratar de encontrar la senda de la Cuesta Tripiana. Yo opté por bajar por la senda ya que la pista desciende por una vaguada interior de la sierra sin perspectivas sobre el río. Las trazas de la senda son evidentes en este collado, nacen junto a un pino balizado con una tablilla amarilla, pero antes de llegar a la estrecha vaguada por la que desciende desaparecen por completo y sólo el evidente trazo de la vaguada (totalmente tapizada de vegetación) nos orienta en el incómodo descenso hasta la pista que discurre por la vega del río.

La llegada a Bijuesca es uno de los momentos más interesantes de la actividad. Totalmente encajada en un breve y rocoso estrangulamiento del río su cuidado caserío está defendido por un castillo del que se conserva lo suficiente para intuir sus dimensiones. Caminando desde sur la orientación del cauce del río va descubriéndonos el pueblo, primero el castillo, después la ermita de la Virgen del Castillo y, finalmente, las casas comprimidas entre las paredes rocosas del estragulamiento. Cuando todo parece descubierto, en las proximidades del pueblo, el antiguo puente medieval y la fuente de los veintocho caños vuelven a sorprendernos.

Una vez en Bijuesca resulta obligada la visita al Pozo de los Chorros (un umbrio rincon donde un enmarañado bosque de ribera esconde el pequeño escalón rocoso por el que el río se precipita en una cascada). Para ello deberemos atravesar el pueblo remontando el rio y, después de superar la pronunciada curva de la carretera, tomar una pista cerrada con un cepo y balizada con una tablilla que indica "Pozo de los Chorros". En apenas diez minutos llegamos a uno de los rincones más interesantes del rio.

Como no es posible continuar remontando el río junto al cauce deberemos retornar hasta la fuente de los veintocho caños para continuar la excursión hasta Berdejo. Junto a la fuente nace una pista empedrada que, al noroeste, remonta una suave vaguada. Dejaremos las eras a la izquierda y el cementerio a la derecha e inciaremos un largo ascenso. Llegando al final de la vaguada el moderno edificio de una paridera ubicada en una cota elevada a la derecha nos orientará hacia el collado de acceso al pueblo de Berdejo. Alcanzada la dorsal y ya con vistas a Berdejo deberemos abandonar la pista e iniciar el descenso por la rocosa vaguada que conduce al pueblo. Este descenso resulta impresionante no sólo por el trazado del camino sino por la perspectiva del pueblo, de su castillo (levantado sobre un peñasco encima del pueblo) y de la iglesia. Todo ello en un suave meandro del rio.

El retorno lo hice siguiendo el mismo camino hasta Bijuesca pero, desde Bijuesca hasta la ermita de los Santos de Torrijo, preferí probar un itinerario alternantivo. Sobre el mapa habia dos posibilidades: una muy clara que era seguir la pista que primero por la vega del río y despues bordeando la cota Dehesa Boyal me llevaba hasta el collado donde habia tomado las trazas de la senda; la otra, menos clara pero más corta, era remontar por la cabañera que superando la Cuesta de Deza conectaba con la pista anterior a la altura de un refugio de cazadores (¿existiría todavía la senda de la cabañera?).
Tomé con alguna duda la senda de la cabañera por una pequeña cuesta cementada al final del area recreativa (entre el area recreativa y una evidente cota rocosa). La senda pasa entre los muros de piedra que sustentan las terrazas de cultivo y, después, inicia el ascenso con un trazado cómodo y continuo. La alternantiva de la cabañera es, sin duda, la mas recomendable. El trazado resulta muy cómodo y se puede apreciar el trabajo que en su dia hicieron para que el ganado pudiera transitar por él; y las vistas sobre Bijuesca y sobre el valle son de gran belleza y perspectiva. Tras alcanzar la dorsal la cabañera inicia un breve descenso (algo más difusa, invadida por la vegetación) hasta conectar con la pista que bordea la cota Dehesa Boyal a la altura de un refugio de cazadores. Desde aquí hasta la ermita de los Santos de Torrijo sólo queda remontar hasta el collado donde tome la senda en el descenso y después seguir el mismo itinerario hasta la ermita.

04 septiembre 2008

Pico Chipeta Alto




El Pico Chipeta Alto es el característico pico que, al oeste de la Selva de Oza, levanta su impresionante frontón calizo por encima del límite del bosque. Junto con el Castillo de Achert, al este, y la Muralla de Lenito al sur completa el singular conjunto de relieves que delimitan el espectacular paraje de la Selva de Oza.

La ascensión natural a este pico desde Oza es por el barranco de Acherito y el collado de Petraficha por lo que puede dejarse el coche al final de la pista del refugio de la Mina. Como mi idea era realizar un recorrido circular subiendo por el collado de Petraficha y bajando por el collado de Estribiella decido dejar el coche en las inmediaciones del campamento Ramiro el Monge.

Inicio la ascensión remontando el cauce del río por la pista asfaltada que se adentra hacia Aguas Tuertas. Poco antes de que el cauce del río gire bruscamente al este nace a la izquierda una pista (balizada con tablillas al Puerto del Palo) que desciende a cruzar el cauce del río y continua hasta una moderna explotación ganadera poco antes de llegar al antiguo refugio de la Mina (hasta aquí se puede llegar en coche). Justo antes de cruzar el barranco de Acherito y llegar a la explotación ganadera que se levanta al otro lado, asciende a la izquierda (noroeste) la senda que remonta hacia el collado de Petraficha (balizada como GR 11 a Zuriza).

Después de atravesar el cercado de una explotación ganadera la senda asciende trazando suaves zig zags por pastizales hasta alcanzar el rellano donde se levanta el refugio del Sabucar. Sin rebasar el edificio del refugio continuaremos el ascenso atacando las pendientes más empinadas de nuestra izquierda (oeste) que descienden del espolón nororiental del Pico Chipeta que va perdiendo presencia oculto por los relieves más cercanos. Después de ganar altura la senda vuelve a orientarse al noroeste para continuar remontando a media ladera el barranco de Acherito y alcanzar otro rellano. Poco a poco van apareciendo los formidables relieves que delimitan por el oeste el barranco de Acherito en una interminable sucesión de afilados picos y collados desde el pico Petraficha hasta el Sobarcal. Cerrando el barranco son perfectamente visibles las espectaculares Agujas de Ansabere que se recortan detrás del Puerto de Acherito.



En este punto hay que prestar mucha atención a una bifurcación de sendas justo debajo del espolón oriental del Pico Ferrerías. En esta bifurcación deberemos tomar la senda de la izquierda (balizada con las marcas de GR) que abandona el barranco de Acherito para remontar al oeste hacia el collado de Petraficha. Pronto recuperamos las magníficas vistas de la pared nororiental del Pico Chipeta y, poco después, los pastos dan paso a los canchales rocosos. La pendientes se hacen más pronunciadas y la senda más tortuosa conforme nos aproximamos al estrecho collado de Petraficha.


En el collado de Petraficha accedemos a un paisaje completamente diferente dominado por las suaves laderas de pastos y la alienada formación de la Sierra de Alano que compacta y regular se extiende desde el pico Rincón de Alano hasta la Peña Ezcaurre. El dimorfismo orográfico entre la vertiente oriental que cae vertical sobre la Selva de Oza y la occidental que desciende suave hacia Zuriza es realmente sorprendente.

En el collado abandonamos el GR 11, que desciende hacia Zuriza, y continuamos al sur por un sendero levemente marcado en la ladera arcillosa del Pico Chipeta. Pronto alcanzamos los pastos que cubren las extensa ladera occidental del pico. La senda, al principio evidente, se difumina conforme ascendemos pero progresando de forma intuitiva se alcanza el límite nororiental de la loma claramente definido por el cortado de la pared. Aquí la loma pierde pendiente y ya es posible ver el pico al final del triángulo herboso delimitado por las vetiginosas paredes que definen la característica proa rocosa que se asoma a las profundidades de la Selva de Oza.

El descenso puede hacerse por el mismo camino de subida o bien tratar de cerrar la excursión bajando por el barranco de Estribiella y completar así un interesante recorrido circular. Si optamos por esta segunda alternativa debemos estar seguros de contar con suficientes horas de luz y tener destreza para progresar por los relieves que nos separan del collado de Estribiella porque no hay ningún camino marcado y el collado está oculto detrás de sucesivos relieves que es necesario interpretar adecuadamente.

Desde el Pico Chipeta Alto descenderemos al suroeste por pastos de moderada pendiente y ninguna dificultad hasta alcanzar el collado de Tortiella (un rellano herboso dominado al sur por un picacho de tonos blancos). Es posible bordear este picacho por la derecha (oeste) pero hay que atravesar una profunda cárcava muy descompuesta. Seguramente es más cómodo subir hasta la cima (pendiente empinada) porque después no hay que perder mucha altura para continuar al sur por los pastos herbosos que descienden del Pico Estribiella. No hace falta subir hasta la cima de este pico, se puede progresar intuitivamente sin perder altura hasta alcanzar la barranquera que desciende a Zuriza bajo la Sierra de Alano y después remontar hasta el collado de Estribiella, que se abre justo debajo del espolón septentrional del pico Rincón de Alano. Aquí conectamos con la variante del GR 11 que desciende a la Selva de Oza por el barranco de Estribiella.

16 agosto 2008

Osan Cross Mountain



Finalmente el día 15 corrí mi primera carrera de montaña en Osan, 17 kilómetros de recorrido con un desnivel acumulado de mas de 1400 metros. La sensación final fue satisfactoria aunque en este tipo de pruebas lo que se dice correr se corre poco, la mayor parte del tiempo andas deprisa. Pero mis preocupaciones iniciales se fueron disipando durante la prueba: no me lesioné, asimilé bien los fuertes desniveles, pude correr con buenas sensaciones las pocos tramos que se podían correr y terminé la prueba sin agobios.

La primera parte de la prueba consiste en subir al Santuario de Santa Orosia desde la localidad de Osan. Es el tramo más duro de la prueba pero es el más bonito y el que puedes disfrutar mas. Hasta el pueblo de Isún (primer avituallamiento) la prueba discurre por una senda bastante tendida aunque siempre cuesta arriba en la que se puede correr, sin alardes, pero se puede correr. A partir de Isún la senda se empina por las faldas del pico Oturia y comienza un sinuoso ascenso que hay que hacer andando con el mayor ritmo posible. Al alcanzar el altiplano de las antenas (km 5) finaliza la subida y la prueba continua por ondulados pastizales donde no existe senda marcada y debemos guiarnos por la señalización de la organización y el difuso trazo de una pista. Atravesando un clareado pinar alcanzamos la ermita de Santa Orosia, la fuente y el segundo avituallamiento.

La segunda parte de la prueba consiste en bajar de la ermita de Santa Orosia hasta Yebra de Basa por la senda de las ermitas, un recorrido de singular belleza que merece la pena recorrer despacio fuera de competición. Es la parte más incómoda del recorrido: sus fuertes pendientes, sobre todo después de superar la cascada, y el firme de grandes piedras sueltas hacen que el descenso sea peligroso y exija gran concentración (el correr pasa a segundo plano).

La tercera parte de la prueba es la conexión entre los pueblos de Yebra de Basa y Osan siguiendo el tortuoso trazado del GR que atraviesa varias barranqueras con continuas subidas, bajadas y revueltas que dificultan correr con ritmo.

Mi planteamiento fue conservador en todo momento. Conocía gran parte del recorrido y sabía que sólo podría correr en el altiplano, desde el final de la subida hasta el inicio del descenso por la senda de las ermitas, por lo que el resto de la prueba fuí andando lo más deprisa que pude muy atento de no lesionarme.

Al final la primera parte (el ascenso hasta la ermita de Santa Orosia) resultó la mas gratificante: las magnificas vistas sobre Sabiñánigo, Peña Oroel y el valle de Yebra de Basa en la parte final de la subida (que se pueden disfrutar ya que puedes apartar la vista de la senda al subir despacio) y, sobre todo, la cómoda carrera por los pastos hasta el inicio de la senda de descenso, son los momentos más divertidos de la prueba. En este correr hay que prestar atención a un cruce de pistas a la salida del avituallamiento de Santa Orosia. En este punto hay que atravesar la pista principal que sube de Yebra de Basa y continuar por una pista menos evidente que sale a la derecha, justo enfrente de la fuente.

El descenso me resultó largo y desagradable, sólo pensaba donde apoyar el pie. Es realmente peligroso, sobre todo para personas acostumbradas a rodar por asfalto o pistas sin desniveles.

Finalmente, la conexión entre los pueblos de Yebra de Basa y Osan resultó la más desilusionante ya que después de hacer bien la parte dura un grupo de personas nos despistamos en un cruce perdiendo el camino y arruinando nuestra marca. Después del avituallamiento de Yebra de Basa la prueba remonta por un barranco y una cárcava arcillosa hasta alcanzar un campo. Al otro lado del campo nace una pista y justo en este punto una senda a la derecha que desciende hacia el siguiente barranco. Aquí al ver la pista y la comodidad que ofrecía para correr un grupo de personas continuamos por ella sin darnos cuenta que el balizamiento (suficiente) continuaba por la senda.

Después de comprobar que la pista por la que descendíamos se orientaba hacia la carretera de Yebra de Basa y de que no había balizamiento decidí regresar. Recuperé el trazado de la prueba y completé el recorrido (un cálculo bastante aproximado del tiempo perdido sería de quince minutos).

Tiempos de paso(acumulado/tramo):

Osan-Isun (11':05'':57)
Isún - Fin subida(km 5) (50':40'':10 / 39':34'':53)
Km 5 - Ermita de Santa Orosia (59':36'':01 / 8':55':91)
Ermita de Santa Orosia - Avituallamiento Yebra de Basa (1h:31':47'' / 32':11'':15)
Avituallamiento Yebra de Basa - Avituallamiento Santo Roman (2h:08'':32/ 36':44'':97)
Avituallamiento Santo Roman - Osan (2h:18':31 / 9':59'':53)

14 agosto 2008

Everest 1996

Desde que en 1985 Dick Bass, un rico tejano de cincuenta y cinco años de edad y escasa experiencia en montaña, ascendiera al Everest guiado por el escalador David Breashears, la comercialización de la ruta normal del Everest (la cima más alta de la tierra con 8848mts) ha convertido su ascensión en algo muy distinto al objetivo deportivo de los primeros ascensionistas.

El creciente número de expediciones comerciales que cada año intentaba el Everest por la ruta del collado sur estaba alimentando una creciente polémica entre quienes pensaban que con este planteamiento se pierde el espíritu que debe acompañar a toda actividad en montaña y quienes pensaban que todo puede ser comercializado si se llega a un acuerdo entre partes.

Los trágicos acontecimientos sucedidos en la primera de 1996 que afectaron a dos expediciones comerciales fueron el detonante de una tormentosa polémica que estaba latente desde hacia algunos años. La publicación del libro de Jon Krakauer ("Into thin air")(periodista y cliente de una de las expediciones comerciales que sufrieron la tragedia) levanto una airada controversia sobre el comportamiento de uno de los guias (Anatoli Bukreev) y sobre las heroicas acciones de rescate de las que fue protagonista.El debate no se centró en si estas expediciones, dado el alto riesgo que conllevan para guias y clientes, están justificadas o no; se centró en el comportamiento concreto de un guia (Anatoli Bukreev) y en la defensa que este hizo del mismo privando al debate de lo mas sustancioso del mismo.

Acabo de terminar el libro “Everest 1996” (Ediciones Desnivel) en el que Anatoli Bukreev cuenta su versión de los hechos y ofrece una explicación sobre su comportamiento .

Ya había leído el libro de Jon Krakauer (publicado en castellano por Ediciones B,S.A con el título “Mal de altura”) y estaba al tanto de la polémica que se había suscitado con su comportamiento. Para contrastar lo que recordaba del asunto con las argumentaciones de Bukreev ha vuelto a releer el libro de Krakauer y el fondo de la cuestión es bastante sencillo: para Krakauer el comportamiento de Bukreev no se ajustó a las expectativas que un cliente tiene de lo que debe hacer un guía.

Jon Krakauer dice en su libro: “Anatoli (Bukreev) había dejado la cima alrededor de las 14:00 y poco después se vio metido en el atasco del escalón Hillary. Tan pronto como quedó libre, Boukreev descendió a toda prisa por la arista sureste sin esperar a los clientes”.“Guias experimentados criticarían después su decisión de bajar tan por delante de sus clientes, un comportamiento nada ortodoxo para alguien de la profesión”. Mas adelante dice “El que Bukreev no usase oxígeno hacía que la susceptibilidad al frío se viese agravada; sin él no podía quedarse esperando en la cima a que llegaran los clientes lentos, pues se arriesgaba a una hipotermia y a sufrir congelaciones”(Capítulo 15 La Cima).

Con esta descripción de su comportamiento Bukreev aparece como una persona individualista (que toma decisiones por su cuenta) e irresponsable, poco comprometida con la seguridad de sus clientes.

Lo cierto es que, a primera vista, este comportamiento resulta poco ortodoxo, pero la lectura de “Everest 1996” aporta matices de gran alcance para comprender la situación y tener mejor criterio para decidir si es adecuado o no (las escasas líneas que el libro dedica a la justificación que Bukreev hace de su comportamiento no son suficientes para entender el alcance de las mismas).

En "Everest 1996" Bukreev termina diciendo que el guía de altura en el Everest ( o por encima de los 8000 metros) no está en disposición de garantizar la seguridad de un grupo de personas que tiene poca o ninguna experiencia en las montañas más altas de la tierra a causa de la aplastante complejidad de las circunstancias de la naturaleza y del quebranto físico que impone la altitud. Se adivinan dos razones principales:

En primer lugar porque el guía está sometido a los mismos riesgos que el cliente. La altura y el frío van deteriorando el organismo robándole las fuerzas ( en la “zona de la muerte” el organismo se deteriora incluso en reposo). La hipoxia y la hipotermia le afectan igual que al cliente comprometiendo su propia vida.

Así dice Bukreev en su libro “si te quedas inmóvil a esta altitud pierdes las fuerzas con el frío y acabas incapacitado para la acción”(Capítulo 21 La locura mediática). El guía no es un superman, está sujeto a los mismos riesgos que el cliente (hipoxia, edema cerebral, hipotermia, desorientación por la oscuridad o la tormenta ...) “ si me hubiera encontrado más arriba en la montaña cuando la tormenta se desató con plena fuerza, es muy probable que yo hubiera muerto con los clientes. Lo creo honestamente. No soy ningún superman. Todos podríamos haber muerto con ese tiempo”(Capítulo 21 La locura mediática). (Las muertes de Scott Fischer, Rob Hall y Andy Harris, todos ellos guías, así lo atestiguan).

En segundo lugar porque es muy difícil que el guía pueda sacar, él sólo, a un cliente de la montaña arrastrándolo. La realidad confirma esta idea (Rob Hall no pudo descender él sólo a su cliente por el escalón Hillary. Tampoco Mike Groon pudo arrastrar a Yasuko Namba por el collado sur hasta el campamento IV).

Anatoly Bukreev, claro ejemplo de la escuela soviética de alpinismo, era de la opinión de que el cliente debía tener la suficiente autonomía para progresar por la montaña con seguridad sin que tuviera que ir un guía detrás de él todo el tiempo. Esperar al cliente no significa que puedas ayudarlo, es difícil tener éxito si el cliente no aporta nada de su parte ( por agotamiento o falta de oxígeno artificial) y el guía puede sufrir en cualquier momento los efectos de la altura, la falta de oxígeno o el mal tiempo.

La única ayuda posible en estas condiciones, como se adivina del comportamiento de Bukreev, debe venir de abajo: aportando oxigeno extra de los depósitos inferiores o ayudando en el descenso de los últimos metros antes del campamento de altura.”Mi idea era que yo no sería de ninguna utilidad si esperaba allí arriba, helándome de frío. Era mas práctico que yo volviera al campamento IV a fin de estar en condiciones de subir oxígeno a los escaladores que retornaban, o de ayudarles si alguno se debilitaba en exceso”.”Scott me autorizó a descender, a fin de estar preparado para subir en caso necesario. Ese fue el plan y funcionó”(Capítulo 21 La locura mediática).

Krakauer en su libro cuestiona el comportamiento de Bukreev desde la perspectiva de lo que espera un cliente que debe hacer el guía. Bukreev en el suyo aporta las razones que le llevaron a tomar esas decisiones que están basadas en un conocimiento sobre la problemática de la actividad a grandes alturas que está fuera de la alcance de la mayoría de las personas. En este sentido resulta muy revelador ya que si somos capaces de olvidar nuestras expectativas y renunciar a nuestros prejuicios podremos entender los condicionantes de la escalada a gran altitud y los escasos márgenes que deja para realizarla con seguridad.

Pueden convencer o no pero la realidad de lo que ocurrió le da la razón. Todos los clientes de su expedición comercial salvaron la vida (sólo murió Scott Fischer, guia y jefe de la misma). Dos clientes y dos guias de la expedición de Krakauer, con un comportamiento ortodoxo, perdieron la vida en las mismas circunstancias.

Para mas informacion:

http://outside.away.com/outside/destinations/199609/199609_into_thin_air_1.html
http://www.montanismo.org.mx/articulos.php?id_sec=12&id_art=300&id_ejemplar=135